“Hasta hoy he trabajado básicamente pintando la persona (retratos y desnudos) y el mar.
No cualquier paisaje, sólo el mar.
Dos temas no contrarios, pero sí diferentes, que sin embargo están relacionados entre sí porque ambos forman parte de mí. Ambos gravitan alrededor del silencio y la fascinación por la naturaleza inmensa, ya sea agua o carne.
El silencio ha marcado mi vida. Puede ser alienante y vacío, y puede volverte suicida. Pero he vivido también otros silencios, ricos, llenos de murmullos y ecos que quizá sólo reverberan en mis oídos. “


El silencio, el sexo, la infranqueable distancia final entre un ser humano y otro, la soledad en la que nuestro ser habita. Karen Kruse pinta todo esto con colores expresivos y luz mediterránea. Esa luz que quedó grabada en su memoria dibujando la atmósfera de aquella habitación o aquel cuerpo, convertido por ella, en un mágico paisaje. Color que sólo ella ve, boca a través de la cual grita sin emitir un ruido, forman junto con su luz la materia de la que se nutre el silencio.

Los retratos son para la artista un ejercicio agotador de conocimiento interno, de introspección solitaria e íntima. Amplía el conocimiento de sí misma a través del buceo en “el otro”, en un viaje arriesgado del que siempre vuelve enriquecida. En ellos el color se aleja de la realidad, huye de ella y busca el choque, la confrontación de los opuestos  en su forma más pura y violenta. Los verdes y rojos cohabitan en espacios imposibles.  “Quizá el color, la pincelada, los contrastes, varían en el pintor como varía el tono de nuestra voz según lo que estamos diciendo, y a quien. Yo no pinto igual un retrato que una marina, cada tema me provoca una reacción distinta, un lenguaje diferente, un tono de voz desigual. Precisamente porque mi relación con “ellos”, con mis cuadros, es una relación viva, pulsátil, que a veces se parece más a una lucha de la que, curiosamente, salgo vencedora y vencida a la vez."

Nada   despierta  su curiosidad como el ser humano, “un laberinto de puertas cerradas y contradicciones, único y en ocasiones descifrable.”
 
" Las marinas son una búsqueda de la serenidad perdida, que quizá sólo ha existido realmente en mi imaginación”
 
Todo aquello que quedó grabado en su recuerdo, en el que el mar siempre estaba presente, son sus "paisajes internos".  Decía Benedetti  que "el mar no se avergüenza de sus náufragos carece totalmente de conciencia y sin embargo atrae, tienta, llama, lame los territorios del suicida y cuenta historias de final oscuro".
Final oscuro.. o escapatoria, según se mire. En las marinas de Karen Kruse el mar es un mar de silencios llenos de sal y de posibilidades, tan serenos como perturbadoras son sus extensiones de carne. 

  "Nunca he creído que pintar fuese un  acto de comunicación, creo que el artista pinta porque necesita hacerlo como una función vital más, y lo hace en un acto solitario  y obsesivo, que en definitiva es un intento de explicarse a sí mismo.  Uno tarda toda una vida en conocerse y a veces en llegar a aceptarse,  cada uno utiliza un método para llegar al mismo fin. El mío es pintar."  

Así se define una artista colorista y hermética a la vez. Sus paisajes nos invitan a perdernos en el gran silencio luminoso que, según ella, todos llevamos dentro, y al que acudimos en busca de lo que somos.